La situación en el barrio Isla Maciel de Concordia llegó a un punto límite. Cansados de no obtener respuestas por parte del municipio, los vecinos decidieron organizarse y comenzar a resolver por sus propios medios un problema que afecta su vida cotidiana: el colapso de la red cloacal.
Ante la falta de soluciones concretas, contrataron una máquina para realizar trabajos de zanjeo y permitir que las aguas negras y grises puedan circular, evitando que se estanquen en las calles y generen olores nauseabundos.
“Vivimos entre cloacas y nadie responde”
Según relataron vecinos a Resumen Provincial, la situación es insostenible. En algunos casos, las cloacas revientan hacia el exterior, pero en otros —los más graves— los desbordes se producen dentro de las viviendas.
Esto no solo genera un ambiente irrespirable, sino también un riesgo sanitario permanente, con infecciones y condiciones indignas que afectan a familias enteras.
Organización vecinal ante la ausencia del Estado
Uno de los vecinos, agotado de convivir con esta realidad, decidió comprar caños metálicos para mejorar el drenaje. A partir de allí, otros residentes se sumaron y reunieron dinero para pagar el trabajo de la maquinaria.
Sin embargo, advierten que estas acciones son apenas paliativas y que el problema de fondo sigue sin resolverse.
Reclamo urgente al municipio
Desde el barrio apelan a la predisposición del municipio para que intervenga de manera definitiva y brinde una solución estructural.
“No se lo deseamos a nadie”, coinciden los vecinos, quienes remarcan que no es una situación nueva, sino un problema que se arrastra desde hace tiempo sin respuestas.
La postura de Resumen Provincial
Desde Resumen Provincial entendemos que el acceso a condiciones sanitarias básicas no puede depender del esfuerzo de los vecinos.
Cuando una comunidad tiene que pagar de su bolsillo obras esenciales para poder vivir dignamente, lo que está fallando no es menor: es la presencia misma del Estado.
Concordia no puede naturalizar que haya familias conviviendo con cloacas desbordadas, olores insoportables y riesgos sanitarios.
La solución no puede seguir esperando.

