En los últimos meses, distintas situaciones registradas en redes sociales y medios internacionales volvieron a poner en discusión un fenómeno que genera desconcierto, polémica y debate cultural: personas que se identifican como animales o interactúan con “mascotas” imaginarias en espacios públicos.

Uno de los casos que tomó notoriedad fue el de los llamados therians, jóvenes que aseguran identificarse espiritualmente o psicológicamente con determinados animales.
Especialistas explicaron que no se trata simplemente de una moda viral, sino de una subcultura que existe desde hace años y que encontró en redes sociales un espacio de expansión.
Los therians no necesariamente creen ser físicamente animales, pero afirman sentir una conexión profunda con una identidad no humana. En plataformas como TikTok e Instagram suelen mostrarse utilizando máscaras, actuando como lobos, felinos u otros animales, y describiendo experiencias sensoriales o emocionales asociadas a esa identidad.

El caso en Alemania: paseos con animales imaginarios
En paralelo, un video viral difundido en redes sociales mostró a personas en Alemania “paseando” animales imaginarios con correa en plena vía pública. Las imágenes generaron sorpresa y una fuerte discusión en redes, donde muchos usuarios hablaron de una “exageración cultural” mientras otros defendieron la libertad de expresión individual.
Aunque ambos casos no son exactamente lo mismo, comparten un punto en común: la construcción de identidades alternativas que desafían las categorías tradicionales y que, para muchos, resultan difíciles de comprender.

¿Expresión personal o fenómeno social más profundo?
Especialistas en psicología y sociología señalan que estos comportamientos pueden vincularse con procesos de búsqueda de identidad, pertenencia y comunidad, especialmente entre adolescentes y jóvenes adultos.Sin embargo, el debate no es menor. Para algunos sectores, se trata de una manifestación cultural propia de la era digital; para otros, refleja una crisis de referencias sociales más profundas.Lo cierto es que el fenómeno ya no es aislado ni exclusivo de un país. Desde Argentina hasta Alemania, las redes sociales amplifican prácticas que antes quedaban en pequeños círculos y hoy generan discusión global.
